:El.Silencio:
Por Andrea Lozano
Nunca lo habían mandado tan lejos. Era demasiado para un simple mensajero. El camino había sido largo y pesado, pero ya había llegado hasta ahí. Detuvo su triste y qujumbrosa bicicleta y aprovechó para subirse la bufanda tejida hacia su boca, que ya parecía estar siendo consumida por yagas de la fría tormenta. Sus ojos apenas y estaban abiertos mientras veía hacia el frente, dándose cuenta de que no podía ver más allá de unos cuantos metros. Volteó el rostro hacia atrás para notar que era exactamente la misma imagen. Parecía como si la niebla y el frío estuviesen consumiendo todo a su alrededor, dejándolo a él como el lujo final. El gris y el blanco parecía envolver todo, incluso a él, tornando la ya banal sensación de la carretera en la de una película de terror. Se encogió en su lugar cuando una ráfada de viento helado lo golpeó de frente, haciéndolo apretar sus manos en las manijas gastadas. Su cuerpo entero estaba entumecido, sus manos estaban fijas, se sentía como un monolito de exhibición en invierno. Sus ojos se cerraron por un momento, mientras un poco de humo gélido salía entre las fibras de su bufanda color café. No escuchaba nada. No había nada. Un sonido agudo y constante predominaba: el pulso del silencio que respiraba cada vez con más rapidez. No se había dado cuenta hasta ese momento: realmente no estaba viviendo la situación de la carretera, no era de la carretera; estaba viviendo su propia vida. Una vida de unos cuantos colores, con un solo sonido irritante, nublada, fría y banal. Ese mismo momento era el resumen de sus jóvenes años, era sólo una recapitulación. Nadie estaba detrás de él para empujarlo, y nadie estaba enfrente para recibirlo. Como siempre, era un brazo de su madre el que le tapaba la boca y el pecho, ¿pero dónde estaba ella? A sus pies, como siempre, estaban millones de partículas humanas que a pesar de ser mayores a él, no lo superaban, brillando con el color gris oscuro del pavimento de mala calidad. No superaban su fuerza, ni su insistencia, ni su necesidad. Como siempre, montaba algo que no era suyo, sólo para que cargara un dolido y consumido cuerpo de un lugar a otro. Como siempre, no sabía por qué estaba ahí. No sentía sus manos ni sus pies, ni podía imaginar en su mente su propia imagen. Era como un anónimo en la vida de alguien más: en la vida del silencio, que para entonces ya estaba respirando aún más rápido. Podía sentirlo inhalar y exhalar en su cara, llenándolo de una enfermedad contagiosa que le congelaba las facciones. Un sonido y una gran ráfaga de viento interrumpieron violentamente, primero y sólo por unos segundos, lanzando al muchacho hacia un costado de la carretera; al siguiente segundo, ese mismo viento lo jaló hacia el centro. El muchacho miró a su alrededor, pero aún no podía ver nada. ¿Qué lo había atacado? Volteó el rostro hacia atrás y ahí lo vio. Era el silencio, el protagonista de su vida. Sus dos ojos amarillos se acercaban cada vez más, haciéndose paso por entre la niebla y el hielo implícito. De nuevo escuchó ese ruido: era un quejido, e inmediatamente sus grandes manos grises lo tomaron por los hombros, levantándolo de la bicicleta, y lo sacudió primero hacia el costado de la carretera, luego de vuelta al centro. Así tan rápido como llegó, tan rápido se fue, dejando a un muchacho desorientado en medio de la carretera. Se llevó una mano a la frente y la otra a la bufanda, sosteniéndola fuertemente. Ya se había dado cuenta. El silencio. Se había dado cuenta de que él estaba ahí solamente interrumpiendo sus escenas, robándole el aliento, desperdiciando sus colores. Pero, ¿qué podía hacer un simple anónimo de la vida ajena? Caminó un par de pasos y ahí lo vio de nuevo. Acercándose, listo a erradicarlo de sus páginas. Lo miró, lo enfrentó, apretó sus puños y su mente se volvió como su alrededor. Gris, blanco, frío, enfermo. El silencio llegó, frenó marcando el pavimento, gritó para ahuyentarlo, pero el muchacho no se movió. Los colores para el muchacho cambiaron: todo desapareció. El negro lo adoptó. Al parecer había invadido la vida de alguien más.

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