-.Crítica a la Democracia.

Este trabajo es uno que elaboré para una de mis clases de la universidad. Es una pequeña crítica a la democracia. Debo decir que está algo limitado a causa de las pautas del maestro… Pero si tengo tiempo, lo actualizaré con unas ideas de Norberto Bobbio que me parecen muy ciertas y muy interesantes. Cualquier comentario, duda o crítica que tengan, pueden decírmelo. Hay muchos amantes de la democracia allá afuera y no me quejo. :)

TRABAJO FINAL DE FUNDAMENTOS DE LA CIENTA POLÍTICA

Por Andrea Lozano

“No Es Democracia”

Mayo 2008

Introducción

Lo primero debería ser la explicación del concepto de la democracia. ¿Qué es la democracia? Cada fuente pone su propio significado, y algunas otras no se atreven a dar palabras concretas para describir esta palabra. Por ejemplo, Robert Dahl en su texto “La Democracia: Una Guía para los Ciudadanos” explica, en un ejemplo muy sutil, que la palabra democracia tiene un número incontable de sentidos (47), y finalmente lo intenta explicar, al seguir con su ejemplo: “que todos los miembros deben ser tratados (bajo la constitución) como si estuvieran igualmente cualificados para participar en el proceso de toma de decisiones sobre las políticas que vaya a seguir la asociación.” (Dahl, 47). Aunque no da un significado plenamente, después complementa al mencionar características que un gobierno democrático debería tener, entre otras cosas. Por otro lado, este mismo autor da un segundo intento de significado en su texto “La Poliarquía”, en la cual menciona que la democracia es “…el sistema político entre cuyas características se cuenta su disposición a satisfacer entera o casi enteramente a todos sus ciudadanos…” (Dahl, 1). Dahl no es el único en intentar definir a la democracia, Josep Valiés da un significado más claro al mencionar en el capítulo 8 de su texto, titulado “Estado, Monocracia y Democracia (2) Las Poliarquías”, que la democracia puede ser entendida como el poder del pueblo o también el poder de la mayoría (111). Aunque estas definiciones no se parecen mucho una a la otra, siguen siendo parte del concepto general de democracia, y aunque en esto con coincidan los autores ya mencionados, hubo una cosa en la que sí coincidieron: ambos sustentan que la democracia, en un principio, no era una forma de gobierno aconsejable[1] y que la democracia es más un ideal que una realidad[2]. A base de esto nace la hipótesis de este trabajo: La democracia sí trae muchos beneficios, pero también trae riesgos consigo, sea para nuevos países o para países ya bien establecidos; además de que no hay verdaderas democracias, hay las llamadas poliarquías.


[1] “…el tipo de circunstancias favorables a la participación popular en el gobierno […] parece que empezaron a escasear. […] Fueron reemplazados por monarquías, despotismos, aristocracias u oligarquías…” (Dahl, 17) ; “Para los clásicos, la democracia […] no era un régimen político aconsejable.” (Valiés, 111)

[2] “Si las ideas, tradiciones, historia y prácticas que acabamos de describir contenían una promesa de democratización, era, en el mejor de los casos, una mera promesa.” (Dahl, 30) ; “El carácter ideal exigente que tiene la democracia hace que no haya sistema político que satisfaga totalmente sus requisitos.” (Valiés, 116).

Antecedentes

Primero se comenzará con antecedentes, aunque no serán antecedentes generales. Hay muchos puntos en la historia que apuntaron a señales prematuras de los riesgos de utilizar un sistema político como la democracia, y son los que se mencionarán a continuación.

Muchas personas creen que la democracia salió de la nada, que se adoptó en un lado, y que eventualmente se fue expandiendo, con el tiempo. Sin embargo, Robert Dahl en su texto “La Democracia: Una Guía para el Ciudadano” sustenta que no es así. Menciona que “la democratización no evolucionó siguiendo un camino ascendente […] Hubo subidas y caídas…” (32). De hecho, parecieron haber más caídas que subidas. Después de sus siglos de iniciación en Grecia y Roma, la democracia cayó e incluso desapareció (Dahl, 13), además de que, al parecer, pudo haber tenido sus inicios desde mucho antes. Según Dahl, la democracia surgió o se comenzó a desarrollar desde el momento en que se planteó la lógica de la igualdad (16). Es decir, que la democracia (claro, de una manera primitiva) se pudo haber aplicado durante miles de años antes del establecimiento formal en Grecia y Roma. A pesar de que la democracia se da casi de forma “natural” (16), Dahl menciona que las circunstancias favorables para la democracia comenzaron a escasear y fácilmente fue sustituida por monarquías, despotismos y otras formas de jerarquía. No fue hasta el año 500 a.C. que surgieron nuevamente las condiciones que propiciaron el resurgimiento de la democracia, aunque de una manera más avanzada y desarrollada (17). En Grecia, de hecho, fue donde nació la palabra democracia o demokratia, “de las palabras griegas demos, el pueblo, y kratos, gobierno.” (Dahl, 18). Sin embargo, esta palabra no comenzó siendo una de gran prestigio y de valor positivo, pues “La palabra democracia parece que fue utilizada a veces por sus críticos aristocráticos como una especie de epíteto, para mostrar desprecio por la gente común…” (Dahl, 18). Alrededor del año 130 a.C. y con el tiempo pasando, por más innovador que fuese el proceso democrático, éste fue ignorado, rechazado y suplantado por muchos años: pereció completamente, según Dahl, con la dictadura de Julio César, cuando éste fue asesinado, dejando a la república en manos de emperadores (21). Fue hasta alrededor del año 1,100 d.C. que la democracia comenzó a resurgir junto con la aparición de la clase media, la cual logró abrir a la democracia más hacia el pueblo. Sin embargo, ésta fue nuevamente atacada a mediados del siglo XIV por sus propias consecuencias en el declive económico, la corrupción y otros factores.

En fin, desde entonces, la democracia volvió a resurgir, más avanzada y desarrollada y comenzó su ascenso en la historia de los recién llamados países. Todo lo anterior demuestra los múltiples riesgos de una democracia en los países que apenas surgían y en imperios con un nombre ya bien conocido, aunque es sólo una pequeña visión de lo que se explicará ya más detalladamente a continuación.

Los Riesgos de la Democracia

Como se mencionó anteriormente, el camino de la democracia hasta la modernidad no fue fácil. No fue un simple tramo de cero a cien, si no que desde sus inicios tuvo bajas, altas, e incluso regresó al punto de partida en el que no había nada parecido a un gobierno democrático. Se podría decir, incluso, que la democracia surgía y se desarrollaba junto con los países y no después, incluso pudo haberse creado desde antes. Sin embargo, esto no siempre fue bueno. Con los antecedentes anteriormente mencionados, podemos decir que desde un principio se podía demostrar la tendencia débil de un estilo de gobierno como el de la democracia. Por ejemplo, está el hecho de que desapareció un par de veces de la historia al ser suplantada por gobiernos que eran denominados (o comprobados) más eficientes, eficaces, o simplemente más dominantes. Se puede demostrar por el simple hecho de que la democracia, para poderse expandir, necesita de ciertas situaciones, condiciones y demás que sean adecuadas para su fecundación (Dahl, 15). Si este tipo de gobierno realmente fuera tan fuerte y pertinente para los nuevos países o para los países ya establecidos, en todo caso, no necesitaría de condiciones tan específicas sólo para mantenerse con vida.

También se puede demostrar por el caso de Grecia y Roma. Grecia y Roma eran unos de los Imperios más fuertes y ricos de aquéllas épocas, resultaban ser una especie de ideal para los territorios más pequeños, además de que tenían el poder para imponer su nueva forma de gobierno democrática. Sin embargo, aún en esta situación, la democracia pereció en ambos casos. Según Dahl, en el caso de Grecia, aunque las asambleas consideraban la opinión de los ciudadanos (una pequeña porción de ellos, mejor dicho) tanto como de los que ya tenían puestos políticos, se sabe poco de los sistemas representativos utilizados en el Imperio, al menos, los de esta índole (19). “Prácticamente no dejaron ninguna huella sobre las ideas y prácticas democráticas…” (Dahl, 19), simplemente porque el seleccionar cargos público por sorteo nunca llegó al punto de ser una alternativa aceptada, al menos no para seleccionar a sus representantes (19), y es por esto que la democracia pereció. Por otro lado, en el caso de Roma, ésta también permitió que la gente común se integraran al sistema democrático (nuevamente, sólo se dio entrada a una pequeña porción de los ciudadanos). Los romanos hicieron su parte al implementar el concepto de su República a los pueblos conquistados, agregándolos a la ciudadanía y dándoles privilegios (Dahl, 20). Sin embargo, nuevamente la democracia no dio el kilo al no adaptar “sus instituciones de gobierno popular al inmenso aumento del número de ciudadanos y de las grandes distancias geográficas de Roma.” (Dahl, 20). A causa de esto, la mayoría de los “ciudadanos” romanos no podían participar en las asambleas, provocando guerras, corrupción y otras formas de levantamiento a favor de otro estilo de gobierno. Joseph Valiés apoya este punto: según él, en el sentido político se hizo muy difícil para el estado el procesar las demandas tradicionales mas otras nuevas y más complicadas. Con esto, se hacía más difícil gestionar los distintos conflictos y esto provocó que se dudara de la “gobernabilidad” de las sociedades avanzadas (120). Las palabras de Valiés y los dos casos presentados demuestran que, aunque ahora la democracia es distinta, antes no era suficiente para mantener el orden; si ni los Imperios fuertes, poderosos y ricos podían manejarla, era aún más difícil para los nuevos países de implementarla y desarrollarla correctamente. Según Dahl, “incluso en países con los comienzos más audaces, las fuertes desigualdades oponían enormes obstáculos a la democracia: diferencias en derechos, deberes, influencia y poder entre esclavos y hombres libres, ricos y pobres…” (30), etc. Otro hecho es que las asambleas y parlamentos que sí estaban al alcance de los ciudadanos estaban muy lejos de tener hasta las más mínimas condiciones democráticas y eran a menudo poca competencia para los monarcas. (Dahl, 30). También se daba el caso que se sigue dando aún en las democracias actuales, los que representaban al pueblo no lo representaban en su totalidad, principalmente por el hecho de que sólo hombres podían integrarse dentro de ciertos rangos de edad y demás requisitos irreverentes.

Pero bueno, si estas eran las democracias del pasado y las nuevas mejoraron, no hay que irse tan lejos. De hecho, las democracias de hoy también tienen sus riesgos y sus contras. Primeramente, y como lo menciona Dahl, hay más de una constitución democrática por lo mismo de que la democracia puede ser adoptada bajo muchos sentidos y distintas formas de interpretarla[1]. Así que hoy en día vemos muchos distintos gobiernos que aplican la democracia de forma distinta y que aún así se siguen autonombrando democracias. Robert Dahl menciona que para que un gobierno sea democrático existen cinco criterios: 1. Participación efectiva. 2. Igualdad de voto. 3. Alcanzar una comprensión ilustrada. 4. Ejercitar el control final sobre la agenda. 5. Inclusión de los adultos. Sin embargo, estos criterios, aún en las mismas democracias, son muy fáciles de violar. Por ejemplo, aunque las oportunidades para todos de expresar sus puntos de vista son iguales, unos podrían hacerlo más que otros o de forma más agresiva y esto significa que hay más probabilidades de que prevalezcan las opiniones de ellos que de los que no se expresaron. En un caso más extremo, si se reducen las oportunidades para opinar respecto las propuestas de la agenda, sería sólo una minoría la que determinaría las políticas (Dahl, 49). También se pueden dar casos de dominación y propio interés, cuando el comité ejecutivo está reducido sólo a cierto tipo de personas. “Al controlar la agenda, esta minúscula camarilla puede estar bastante segura de que la asociación no actuará nunca en contra de sus intereses, porque jamás autorizará que se avance ninguna propuesta que pueda hacerlo.” (Dahl, 51). Incluso el mismo Dahl menciona que cuando se trata de aplicar varios de los criterios ya mencionados, probablemente unos entrarán en conflicto con otros.

Otra cuestión que respalda que la democracia trae riesgos, es el hecho que incluso un gobierno democrático puede actuar injustamente contra las personas fuera de sus fronteras (Dahl, 58). Es algo obvio que un gobierno ataque a los extranjeros de haber razones, sin embargo, también han habido casos en los que es cruel e injusto con sus propios ciudadanos[2]. En estos casos, las personas son gobernadas y no gobiernan, carecen de derechos para participar en el gobierno y sin embargo deben seguir las leyes impuestas por otros. Esto no es algo que se espera del ideal de una democracia, sin embargo, existen los gobiernos populares que implementan este tipo de riesgos a su ciudadanía, siendo casi nulas las diferencias entre ellos y las monarquías o algún otro tipo de gobierno jerárquico. Robert Dahl menciona “Incluso cuando un país democrático, siguiendo procedimientos democráticos, crea una injusticia, el resultado… sigue siendo una injusticia.” (59) Esto implica que la democracia trae los mismos riesgos de imposición que otro gobierno pudiera traer consigo, el hecho de que se autodenomine gobierno popular no significa que beneficiará a toda la gente dentro de su jurisdicción. Incluso, también podría ser posible que un gobierno no democrático se haga pasar por uno, con una simple fachada[3]. Entonces, ¿cómo se puede estar seguro de que el gobierno democrático implementado en el país no trae estos riesgos consigo? No hay forma de distinguirlo, al menos, no antes de que se hagan notar las injusticias. Además de cometer crueldad e injusticia hacia las personas, sean éstas ciudadanos o no, as democracias, al igual que otras formas de gobierno, hacen guerra. Dahl establece que “Las democracias representativas modernas no se hacen la guerra entre sí.” (69), pero sí hacen guerra contra otras formas de gobierno, colonizan, se imponen ante gobiernos extranjeros (como una especie de conquista) y además apoyan, en algunos casos, a las dictaduras por mero interés[4]. ¿De qué nos sirve que las democracias no hagan guerra entre ellas si de todas formas andan haciendo guerra por otros lados?

Por otro lado, una de las cosas que más se presume de la democracia es que ésta escucha a sus ciudadanos y los protege[5]. Sin embargo, John Stuart Mill, citado por Robert Dahl, menciona: “Podrán proteger [los ciudadanos] sus derechos e intereses frente a los abusos del gobierno, y de aquellos que influyen y controlan el gobierno –prosigue-, únicamente si pueden participar plenamente en la determinación de la conducta del gobierno.” (Dahl, 64). Con esto se puede inferir que un ciudadano se puede proteger de abusos de un gobierno sólo si puede participar en el gobierno, es decir, solamente en un gobierno democrático. Pero si la democracia está ahí para escuchar y proteger, ¿por qué habría de ser abusivo? ¿Por qué habría necesidad de protegernos de él? Dahl luego acepta que “Indudablemente, quien está incluido en el electorado de un Estado democrático, no puede tener ninguna certeza de que sus intereses serán adecuadamente protegidos;” (64). Entonces, ¿qué es seguro en la democracia?

Otro caso es que para que un gobierno de Estado pueda gobernar correctamente, bajo las imágenes de un gobierno popular, debe estar sujeto a muchas condiciones. El pueblo le otorga el poder a una persona o a una minoría, y estos deben ser incorruptibles, deben resistir la tentación del poder y deben de tener prioridad por el bien público más que por su bien personal (Dahl, 85). Estos son muchos requisitos y nadie es perfecto, por lo que en una democracia es muy probable que los elegidos para representar al pueblo, y que no siempre lo hacen[6], caigan ante tanta tentación y se corrompan, acabando por poner sus intereses por sobre los de la gente, cosa que de todas formas pasa en otras formas de gobierno.

Otro hecho recae en lo que se mencionó anteriormente: la democracia es en sí un ideal y no una realidad. El mismo Dahl menciona que es una promesa[7] y después repite que es por esto mismo que “ningún Estado ha poseído jamás un gobierno que haya estado completamente a la altura de los criterios de un proceso democrático.” (52). Es literalmente imposible que en el mundo real todo miembro de un gobierno democrático tenga, en serio, iguales posibilidades de participar, de informarse correctamente y de influir en la agenda de su gobierno. (Dahl, 53). Esto también lo respalda Josep Valiés al mencionar que la democracia es un término muy exigente[8] y que es muy difícil satisfacer a absolutamente todos los miembros (122).


[1] “…el término se usa en un número sorprendentemente amplio de sentidos.” (Dahl, 47).

[2] “Un desafió más directo a las ideas y prácticas democráticas es el daño inflingido por gobiernos populares a personas que viven dentro de su jurisdicción y que están obligados a obedecer sus leyes…” (Dahl, 58).

[3] “…los gobernantes despóticos han encubierto muchas veces su dominio bajo un espectáculo de “democracia” y “elecciones”.” (Dahl, 60).

[4] “…los gobiernos democráticos modernos hicieron la guerra a países no democráticos, como la I y II Guerras Mundiales. Impusieron también el dominio colonial mediante la fuerza militar a pueblos conquistados. […] han interferido en la vida política de otros países […] apoyos a dictaduras militares en América Latina;” (Dahl, 69).

[5] “Además de todos los derechos, libertades y oportunidades que son estrictamente necesarios para que un gobierno sea democrático, los ciudadanos de una democracia tienen seguridad…” (Dahl, 62).

[6] “…no puede garantizar que todos los miembros vayan a vivir estrictamente bajo leyes que sean el producto de su propia elección.” (Dahl, 66).

[7] “Si las ideas, tradiciones, historia y prácticas que acabamos de describir contenían una promesa de democratización, era, en el mejor de los casos, una mera promesa.” (Dahl, 30).

[8] “El carácter ideal exigente que tiene la democracia hace que no haya sistema político que satisfaga totalmente sus requisitos.” (Valiés, 116).

Poliarquía, No Democracia

Ya que se establecieron los múltiples riesgos de la aplicación de la democracia a un país, y que principalmente se sustentó que es imposible que un país llegue a ser una democracia en todo el sentido de la palabra, se pasará a preguntar: ¿Si no son democracias, pero tampoco monarquías, dictaduras ni autocracias, entonces, qué son? Ambos autores tratados en este texto, es decir, Robert Dahl y Joseph Valiés coinciden en mencionar que aunque no existen las democracias, sí existen las poliarquías. Dahl menciona, en su texto “La Poliarquía”, que aunque sí hay regímenes con tendencias hacia la democracia, “no hay en realidad ningún régimen, de dimensión considerable, totalmente democratizado, prefiero llamar poliarquías a los sistemas actuales más próximos…” (Dahl, 18). Josep Valiés también apoya esto al mencionar que “De acuerdo con esta perspectiva exigente el número de estados homologados como democráticos no pasa de los treinta, […] Son los sistemas que –según lo que antes señalamos- pueden calificarse de poliarquías o estados liberal-democráticos.” (116). ¿Por qué poliarquía y no democracia? Por todo lo mencionado ya anteriormente: las pautas establecidas para que un país se democrático son demasiado idealistas e irreales; los diversos factores humanos impiden que se llegue a la democracia, porque la democracia es perfecta, y ningún humano lo es, por lo tanto, un gobierno perfecto también es impensable. El término “poliarquía” es como una versión más moderna y real que el término “democracia”. “Poliarquía se deriva de las palabras griegas que significan “muchos” y “gobierno”…” (Dahl, 105). De esta forma, el mismo nombre especifica que ya si el gobierno no es todos, sí es de muchos. Las diferencias entre la democracia y la poliarquía recae en que la poliarquía además de aceptar algunas limitantes, no conlleva el sufragio restringido y agrega características cruciales como los partidos políticos, el derecho a formar organizaciones políticas para oponerse o apoyar a los gobernantes de la poliarquía, otros grupos de interés, etc. También permite el establecimiento de asambleas directas de sus miembros y su decisión directa respecto a las leyes. (Dahl, 105). Otra diferencia importante es que la poliarquía es más competente para las sociedades modernas: como vimos anteriormente, uno de los riesgos de la democracia era que no se adaptaba muy bien a los cambios de la sociedad, y por lo tanto, su manejo de conflictos se dificultaba; prácticamente, “una república o una democracia sólo podía existir en una pequeña unidad, como una ciudad u otra población.” (Dahl, 109), mientras que la poliarquía ya no es una asamblea de ciudad, si no de ciudadanos, lo cual le permite extenderse independientemente del territorio (Dahl, 110). Además de todo esto, la poliarquía, como ya se mencionó antes, es más real y menos ideal: de muchas formas acepta que “en todo régimen siempre hay una minoría rectora que es la que verdaderamente gobierna.” (Dahl, 27)[1]. Se intensifica en lo que concierne a las bases que hacen a un gobierno democrático, tal como el factor de la competencia, la importancia de dejar al ciudadano expresarse (sea de la forma que sea) de forma privada o pública y que el gobierno de el trato lo más igual posible ante estas expresiones (Dahl, 14)[2], basado todo en la constitución que se aplique dependiendo del país. También permite el estudio más empírico y sistemático del proceso por medio de distintas dimensiones, permitiendo establecer un método de definición de cada gobierno, dependiendo al nivel de debate público y del derecho de participar en las elecciones y el gobierno que le otorgan a sus ciudadanos (Dahl, 17)[3].


[1] En el texto de “La Poliarquía”.

[2] En el texto de “La Poliarquía”.

[3] En el texto de “La Poliarquía”.

Conclusión

La mayoría de las palabras importantes mencionadas en los textos están completamente relacionadas con lo visto en la clase de Fundamentos de la Ciencia Política. Por ejemplo, en sí el término democracia fue muy utilizado en clase, como base de la enseñanza. En la clase, se vio cómo entre más se sabe de la democracia, cómo debería funcionar y qué tan lejos estamos de ella, más nos ayuda a buscar formas de acercarnos al ideal del significado. La palabra “poliarquía” también fue muy relevante en clase, ya que es necesario diferenciar entre este término y el de la democracia, con tal de entender mejor la realidad en la que vivimos para poderla modificar y mejorar en un futuro cercano. Ambos autores, Robert Dahl y Josep Valiés fueron usados extensamente en clase, y fue a base de las enseñanzas de la clase que salió el análisis de este texto.

Aún después de todas las obvias debilidades de la democracia, aunadas a los riesgos que trae a la población, el texto de Robert Dahl continuó en la protección de las democracias en ese sentido de la palabra, aún cuando ya había dado el punto clave de las poliarquías como más modernas y como versiones mejoradas de las democracias. La poliarquía pasó ya después desapercibida, quizá por el hecho de que ya hizo un libro titulado “La Poliarquía”. Finalmente, se puede decir que el término democracia es muy bonito, ya que es una especie de fantasía, de meta ideal a la que un gobierno popular quiere llegar, sin embargo, está claro que una democracia aplicada trae riesgos, pocas cosas son de hecho aplicables a casos reales y cuando sí es aplicada a ellos, resulta ser insuficiente por alguna razón. Por lo tanto, el verdadero término que se debería usar para los países “democráticos” modernos es el de la poliarquía, la cual retrata de forma más real a la verdadera aplicación de la democracia y es más adaptable a la sociedad. Finalizo con las palabras de Dahl: “en la práctica la democracia nunca ha llegado a alcanzar sus ideales. […] las democracias modernas sufren también de muchos defectos.” (72), por eso las poliarquías son lo tangible y las democracias son lo intangible.
Bibliografía
  • Dahl, Robert. “La Democracia: Una Guía para los Ciudadanos”. 1era Edición en México. México, D.F.: Taurus, 2006.
  • López, David Homero. “Fundamentos de la Ciencia Política.” 2008. Tecnológico de Monterrey. Google Pages. 20 Marzo 2008. <http://intro.cpolitica.googlepages.com/>.
    • Artículos de Joseph Valiés.
    • Artículo “La Poliarquía” de Robert Dahl.

2 comentarios to “-.Crítica a la Democracia.”

  1. Oye te puedo hacer unas preguntas del trabajo, si kieres hablamos por el messenger. esk tengo un trabajo para este luenes del libro de robert dahl y tengo muchas dudas.gracias

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